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Publicado el 27 de julio de 2017

LA POBRE CLASE MEDIA

Por: Ingeniero Alfredo Benavides Castillejo

“Es mejor ser rico que pobre” acuñó el excampeón boxístico “Kid Pambelé”; ahora al parecer debería ser “Es mejor ser rico o pobre que de clase media”.

A raíz de un estudio del BID titulado “Pulso social de América Latina”, la clase media, también ahora llamada coloquialmente clases sándwiches, porque ni es rica ni es pobre, pero puede convertirse en pobre más fácilmente que en rica, se infiere ha despertado de un letargo y se ha sacudido del inconformismo e indignación provocando cambios políticos por todo el mundo; es la nueva tendencia global, así como como lo fueron las extremas izquierdas y derechas en años anteriores.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo -BID-, esta clase media gana entre 12 a 62 dólares por día, soporta cual atlas vertical, abajo a las clases; pobres (2 dólares diarios) y vulnerables (3-12 dólares por día), y no poseen subsidios como los de educación, alimentación, servicios públicos, vivienda, salud y otros, y hacia arriba a las clases ricas (62 dólares/día) o más pudientes que simplemente son ricas y punto.  De manera tal que la clase sándwich debe responder de su propio peculio para satisfacer sus angustiosas necesidades básicas; además, carga con el mayor tributo comprobado y sufre los embates del desempleo, obligándola al mal llamado rebusque profesional, con el que paga, a duras penas, la educación privada de sus hijos y vive al filo de la navaja en sus cuotas de créditos, salud y otros. Está permanentemente en una cuerda floja en una carrera de ratas como diría Robert Kiyosaky autor del libro “Padre Rico-Padre Pobre”.

Esta clase media se cansó de ese corre-corre y comenzó a decidir el rumbo de la sociedad. Prefiere el proteccionismo nacional porque le garantiza oportunidades locales y regionales, sabe que está envejeciendo. El 73 % según el estudio del BID ya ronda el límite del considerado adulto mayor y solo las 2/3 partes, están afiliados a algún sistema de seguridad social y el empleo formal, aunque llega a un 80% y, solo crece el 1.7% por cada punto porcentual del PIB; sumado a esto, que durante los últimos años más mujeres terminaron educación secundaria que los hombres, aumentando su participación laboral del 56 al 65% en edades entre los 25 a los 64, que están pidiendo pista o vía, y la juventud entre los 20 a 35 años con escasas oportunidades, prefiere no generar compromisos y más bien vivir solos, no predican eso de que cada hijo trae su pan debajo del brazo. Las ciudades se están llenando de aparta-estudios para solteros y no hay políticas públicas para ello.

La clase sándwich tolera cada vez menos a la corrupción, explicado en el avance y acceso que tiene la tecnología informática y por ende una mayor penetración social. No cree en encuestas ni en direccionamiento de columnistas encopetados y mucho menos en el statu quo o establishment; es enemiga de las posiciones extremas, racismos, y discriminaciones, en todas sus presentaciones.

Nada de raro tendría, que esta nueva tendencia geopolítica-económica-productiva, reflejara su inconformismo en las nuevas elecciones que están por venir en Colombia; las redes sociales son sus trincheras y está ganando, la llamo la nueva revolución social productiva, porque cree en esto, en la productividad productiva, y los micro, medianos e incluso algún sector de grandes empresarios, se mueven en esta clase media emergente. Por eso se aventura en elegir lideres poco públicos, de corte empresarial o social productivo, antagónicos o políticamente incorrectos; la gran mayoría de esta franja no vota, pero como su bolsillo está bastante afectado lo va a hacer y se impondrá por encima de la compra de votos, sancochos, tejas, cemento y dádivas de un día que engaña a los más necesitados; ahora preferirían un Barack Obama colombiano para provocar un cambio, y a la vista de lo que hay, nadie los está representando. El outsider del que tanto hablan, podría ser usted, señor lector, o incluso quien les escribe.


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