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Publicado el 16 de julio de 2018

¿Colombia vivirá otros cuatro
años teñidos de sangre?

Las amenazas contra dirigentes sindicales, líderes sociales, defensores de derechos humanos, periodistas y todo aquel que no esté de acuerdo con el nuevo gobierno de Colombia, se incrementa día a día, como si fuesen actos orquestados para que luego, el gobierno entrante, muestre sus “fortalezas” para disminuir la violencia. Aunque no es comprobable que eso sea el ‘modus operandi’, la verdad es que el recrudecimiento de la violencia armada incrementa, a medida que restan días para el próximo 7 de agosto.

Si nos atenemos a lo que dijo el general retirado Leonardo Barrera, integrante del equipo de empalme del presidente electo, Iván Duque, en una de las reuniones con el saliente ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y la actual cúpula militar: “Ustedes, que se ufanan de que no hay soldados heridos en el Hospital Militar… ¡prepárense por que vuelve la guerra”, la presidencia una vez más de Uribe Vélez en cuerpo ajeno, podría ser sinónimo del reverdecimiento guerrerista que “floreció” durante sus ocho años de mandato.

La columnista de Semana, María Jimena Duzán, quien en un escrito suyo publicado en estos días sacó a la luz pública dicha frase del militar retirado, fue de inmediato hostigada con amenazas de muerte, violación y otros vejámenes a través de las redes sociales. Hasta este punto ha llegado a intolerancia de algunos seguidores de Uribe, que no respetan y comprometen a sus jefes políticos con sus comportamientos.

A las amenazas contra María Jimena Duzán, se suman las recibidas en los últimos días por los periodistas de RCN Radio-Bogotá: Jorge Espinosa, Yolanda Ruiz y Juan Pablo Latorre; los periodistas de RCN Radio-Bucaramanga: Nelson Cipagauta, Slendy Blanco y Melissa Munera, así como amenazas a los integrantes del portal La Silla Vacía, y a la periodista Jineth Bedoya.

De acuerdo con informes de entidades e instituciones encargadas de investigar lo que hoy ocurre en Colombia, como el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), Marcha Patriótica y la Cumbre Agraria, más de 120 personas defensoras de los derechos humanos y líderes y lideresas comunitarios han sido asesinadas en el país durante lo que va del año, lo que muestra a las claras las dinámicas generalizadas de violencia en razón al oficio que desempeñan las víctimas. Las personas defensoras son estigmatizadas, atacadas y asesinadas, ante la poca o nula protección que ofrece el Estado, y ante los continuos ataques y amenazas que sufren día a día.

El documento informa que los departamentos donde más se han presentado la mayor cantidad de asesinatos han sido Arauca, Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Santander, Valle del Cauca, Nariño. El texto habla de tres asesinatos realizados en la ciudad de Bogotá, lo que se considera como hechos atípicos.

Ese informe cobija el asesinato de excombatientes de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) así como de sus familiares, sin dejar de lado la violencia de género, que cada día también se incrementa, en especial la violencia sexual que tiene como sus víctimas mujeres, niños y niñas.

Todo esto ocurre a las puertas de un nuevo gobierno elegido por un poco más de diez millones de colombianos, que votaron por “el que dijo Uribe”. Uribe, el presidente más cuestionado en esta época contemporánea por los resultados registrados en dos gobiernos, donde los llamados falsos positivos asesinaron en el periodo comprendido entre 2002 y 2008, 4382 personas de acuerdo con un informe de la Fiscalía; pero además, los dos gobiernos de Uribe Vélez fue, “pródigo” en chuzadas telefónicas a periodistas, defensores de derechos humanos, persecuciones y encarcelamiento a dirigentes sociales y sindicales que criticaban y no compartían esas administraciones.  

Pero también, esa violencia presentada por sicarios con armas de fuego, se ha trasladado a la Internet con publicaciones “uribistas”, a las redes sociales, y a algunos medios escritos, hablados y de televisión adeptos al nuevo gobierno: En las redes sociales, los defensores sin sueldo de Álvaro Uribe Vélez y su presidente electo, atacan a quienes difieren de sus pensamientos políticos con epítetos como “amigos de la guerrilla”, “subversivos”, “guerrilleros” y todo cuanta frase estigmatizadora se les venga a la memoria, sin pararse a pensar que con ese comportamiento, ingresan a las hordas del sicariato moral, del sicariato intelectual y del sicariato camuflado que coloca en peligro la vida de sus víctimas, pues las expone a la mira de las armas asesinas.

Hoy Colombia vive una encrucijada, la que parece se extenderá para los próximos años, porque tal como lo dijo el general retirado Leonardo Barrera, integrante del equipo de empalme del presidente electo, Iván Duque, en una de las reuniones con el saliente ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y la actual cúpula militar: “Ustedes, que se ufanan de que no hay soldados heridos en el Hospital Militar… ¡prepárense por que vuelve la guerra!”, el país volverá a ser escenario de derramamientos de sangre, sangre de quienes no apoyaron al presidente electo y de quienes claman para que Álvaro Uribe Vélez comparezca ante los tribunales de justicia con el fin de que aclare su presunta participación de tantos hechos de violencia con muerte de miles de personas, que le indilgan desde todos los ángulos de la geografía colombiana.  


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